Gigablue, fundada en Israel hace tres años, anunció la venta de 200 000 créditos de carbono para financiar su sistema de partículas que, al liberarse en el océano, prometen atrapar CO₂ y hundirlo en el fondo marino. Sus cofundadores aseguran que cada pulsación masiva generará cientos de miles de créditos anualmente y que, a futuro, capturarán 10 toneladas de CO₂ por cada tonelada de partículas liberadas.

La empresa ha probado sus booms circulares y partículas en el Pacífico Sur y el Mediterráneo, donde colocó 60 m³ de material frente a Nueva Zelanda. Gigablue sostiene que sus partículas fomentan el crecimiento de algas —fitoplancton— que absorbe CO₂ antes de hundirse, sellando el carbono durante siglos o milenios.

Sin embargo, investigadores externos critican la falta de datos públicos y validación independiente. Aseguran que aún no hay evidencia sólida de la durabilidad del secuestro ni de posibles impactos ecológicos en la columna de agua y los sedimentos.

“El servicio de Gigablue funciona como un cubo de basura para emisiones: confío en ello sin seguir el destino final de mi carbono”, comenta Jimmy Pallas, cliente que adquirió créditos para un evento de 1 000 personas.

Gigablue dice haber creado un “gemelo digital” del océano con IA para determinar puntos de liberación óptimos, y cuenta con 46 doctores y expertos en biología, química y oceanografía, según la compañía. Aun así, científicos piden mayor transparencia y estudios independientes antes de aceptar que esta tecnología sea más que una promesa.

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