Por Carlos Medina, Psicólogo de Empresarios
Cuando alguien pide informes de mis servicios, suelo hacerle estas dos preguntas para entrar en frecuencia:
- ¿Qué te trae por acá?
- ¿Hace cuánto tiempo sientes esa molestia?
Seguro puedes ver el efecto.
La primera revela el dolor. La segunda hace que te cuestiones por qué llevas tanto tiempo aguantándolo.
Lo que me sorprende es que muchos empresarios me dicen que tienen meses, incluso años, con ese dolor o molestia por la que finalmente decidieron contactarme.
Esta dilatación parece contraria al arquetipo del empresario que todos conocemos: rápido, ágil, veloz. En general, no imaginamos al empresario como una persona que se sienta a esperar que algo suceda.
Habiendo sido atleta, siempre uso comparaciones del mundo deportivo para llevarlas al desempeño empresarial. Los dueños de negocio pueden aprender muchísimo de los atletas.
Por eso hoy quiero hablarte de algo que hacen los mejores atletas del mundo y que casi ningún dueño de negocio sabe hacer, principalmente porque nadie se lo enseñó.
No tiene que ver con talento ni con disciplina.
Es algo más específico.
Y es justo lo que separa al que pasa años estancado del que puede seguir creciendo a pesar de los golpes:
la capacidad de recuperarse rápido de un revés.
Déjame explicarte a qué me refiero, porque no es una frase motivacional de Instagram.
Un atleta de élite no tiene el lujo de fallar y retirarse de la cancha a mitad del juego para lamentarse. El error ocurre, sí, pero el juego sigue corriendo, especialmente en disciplinas de tiempo como el fútbol, el baloncesto o el boxeo.
Si el atleta se queda clavado en la última jugada, pierde la siguiente, porque ese lamento le impide estar listo para reaccionar.
Entonces, en la mente de los atletas de élite sucede algo extraordinario: procesan el fallo por lo que es, un dato, y regresan de inmediato a lo único que importa.
Seguir jugando para ganar.
Hace años llamé a los dueños de negocio “atletas mentales”, porque eso es exactamente lo que son.
Compiten todos los días, bajo presión y, la mayoría, sin temporada baja.
La diferencia es que al atleta lo entrenan para la parte mental, y a ti te mandaron al juego sin esa habilidad.
Te soltaron a competir sin enseñarte una de las cosas más importantes:
qué hacer con tu cabeza después de un golpe.
Y en todos los negocios, tarde o temprano, ese golpe llega.
3 maestros de la recuperación mental
Michael Jordan dijo que falló más de nueve mil tiros en su carrera, perdió casi trescientos partidos y, en múltiples ocasiones, le confiaron el tiro para ganar el juego y falló.
Su conclusión no fue:
“Soy un fracaso”.
Fue:
“He fallado una y otra vez en mi vida, y por eso triunfo”.
Para Jordan, el error no definía quién era.
Era el precio de seguir jugando e intentando.
Michael Phelps, en la final de los 200 metros mariposa de Beijing 2008, tuvo uno de esos momentos de pesadilla: sus goggles comenzaron a llenarse de agua durante la carrera.
Terminó nadando prácticamente a ciegas.
No entró en pánico.
Volvió a su entrenamiento y comenzó a contar las brazadas que ya tenía memorizadas.
Ganó el oro y rompió el récord mundial.
En lugar de rendirse ante el problema, lo procesó y siguió compitiendo con todo lo que tenía para dar.
Y Rafa Nadal, maestro de la mentalidad “punto a punto”, ha construido buena parte de su fortaleza mental sobre una idea muy sencilla:
ganes o pierdas el punto, lo dejas atrás.
No permites que tu cabeza se quede dándole vueltas.
Cada punto se juega en aislamiento, como si el anterior ya no existiera.
Te concentras únicamente en lo que tienes enfrente.
Tres deportistas distintos.
Un solo rasgo:
no sobrelamentan el fallo.
Lo procesan objetivamente y regresan a la cancha.
Los tres saben que, si se clavan en el error, bye.
Ya perdieron.
¿Qué tan rápido te recuperas?
Aquí es donde quiero que te veas con honestidad.
Cuando a ti te sale mal un mes, pierdes un cliente importante o tomas una decisión que te cuesta caro, ¿qué hace tu mente?
Si eres como la mayoría de los dueños de negocio, le das vueltas y vueltas.
A las tres de la mañana estás pensando si realmente eres suficiente para controlar la empresa.
Conviertes el error en un juicio sobre ti:
“No sirvo para esto”.
“Algo está mal conmigo”.
“Soy un fraude”.
Caes en el lado oscuro del ego, ese que agarra un error y lo infla hasta convertirlo en un castigo psicológico.
Y mientras tú estás en el vestidor lamentándote, el juego sigue corriendo afuera.
La siguiente jugada.
La siguiente oportunidad.
El siguiente cliente.
Todo va pasando mientras tú sigues atorado en lo anterior.
Esa es la diferencia.
No es que el atleta de élite no falle.
Falla muchísimo.
De hecho, falla más que muchos porque se la pasa en tiempo de juego.
La diferencia es que fue entrenado para recuperarse tan rápido que, cuando llega la siguiente oportunidad, está listo para tomarla.
Entrenemos tu mente de empresario
Y aquí está lo que quiero que te lleves.
Tú no naciste sin esta habilidad.
Simplemente nadie te ha entrenado.
Los empresarios pueden desarrollar una mentalidad que les permita recuperarse más rápido después de un revés.
La capacidad de recuperación funciona como un músculo mental y, como cualquier músculo, se desarrolla.
Los atletas no nacen sabiendo procesar el error. Lo entrenan durante años con ayuda de personas que saben cómo hacerlo.
Tú, como atleta mental que eres, puedes hacer exactamente lo mismo.
Y tu empresa te lo va a agradecer.
Puedes elegir si cada error te manda al vestidor a castigarte durante semanas, o si aprendes a procesarlo, extraer el dato y volver a la cancha.
Porque ahí es donde realmente se gana.
Y ahí también es donde legitimas que tú eres la persona indicada para dirigir a todo el equipo.
Un abrazo,
Carlos Medina
Psicólogo de empresarios
www.psicologocarlosmedina.com