Bravo construyó desde México un modelo de negocio enfocado en ayudar a personas sobreendeudadas a recuperar su estabilidad financiera y, tras más de una década de operación, extendió su presencia hacia Colombia, Brasil, Portugal, España e Italia.
La compañía, fundada por Juan Pablo Zorrilla y sus socios, apostó desde sus primeros años por un crecimiento basado en rentabilidad, en contraste con la estrategia de captación acelerada de usuarios que predominó durante buena parte del auge fintech.
“Tratamos de ir por una vía de crecimiento desde un punto de vista tal vez más conservador, pero era el ser rentables”, explicó Zorrilla, cofundador y co-CEO de Bravo.
Entre 2013 y 2016, la empresa exploró también negocios relacionados con retiro y servicios contables, pero posteriormente concentró recursos en su actividad principal: la reparación de crédito.
La expansión internacional comenzó cuando su operación en Colombia mostró suficiente tracción para replicar el modelo fuera de México.
El cliente que quiere pagar, pero ya no puede
Bravo enfoca sus servicios en personas que han llegado a un nivel de endeudamiento que les impide mantenerse al corriente, pero conservan la intención de liquidar sus obligaciones.
Zorrilla divide a los deudores en cuatro perfiles: quienes pueden y quieren pagar; pueden, pero no quieren; no pueden ni quieren; y quienes no pueden pagar en las condiciones actuales, aunque sí buscan resolver su situación.
Este último grupo constituye el principal mercado de la compañía.
“Nuestra recomendación siempre es: esto está diseñado para alguien que no puede pagar. Si tú puedes pagar, sigue pagando”, señaló.
Entre los usuarios que ingresan a Bravo, más de 80% destina más de la mitad de sus ingresos netos al pago de deudas, de acuerdo con datos proporcionados por la empresa.
El modelo comienza con un programa de ahorro y negociación con acreedores. Conforme el usuario demuestra constancia, Bravo puede ofrecer un financiamiento propio para liquidar determinadas obligaciones y sustituirlas por una deuda con condiciones distintas.
La empresa reporta que la tasa de este financiamiento se mueve entre 16% y 40%, con un promedio cercano a 30%.
Educación financiera como parte de la estrategia
Bravo también ha incorporado educación financiera a través de Bravo Academy.
La compañía desarrolló inicialmente un diplomado gratuito de 36 horas. Al detectar una participación limitada, decidió transformar parte de ese contenido en materiales mucho más breves para redes sociales.
La estrategia incluye videos de alrededor de un minuto sobre conceptos como tasas de interés, pago mínimo y administración de deuda, además de una versión condensada del curso.
El objetivo es acercar información básica a personas que no necesariamente buscarían una formación financiera extensa.
Zorrilla considera que la falta de educación en este ámbito sigue siendo una de las causas que dificultan la toma de decisiones sobre crédito y ahorro.
Más de medio millón de personas atendidas
Bravo asegura que más de medio millón de personas han formado parte de sus programas a lo largo de su historia.
De ese universo, la compañía reporta que alrededor de 80% logra liquidar al menos una cuenta, mientras que entre 30% y 40% completa el programa sin las deudas que inicialmente buscaba resolver.
El volumen de personas atendidas se ha cuadruplicado respecto a los niveles previos a la pandemia.
Actualmente, Bravo recibe alrededor de 2,000 millones de pesos mensuales en deuda para negociación y señala que el volumen administrado recientemente superó los 1,000 millones de euros acumulados.
Ese tamaño también modifica la relación con bancos, fintechs y agencias de recuperación, pues permite negociar grandes carteras de personas que ya presentan problemas de pago.
De startup mexicana a operación internacional
La compañía separó además dos áreas que anteriormente coexistían dentro del mismo negocio: la reparación de crédito y el otorgamiento de financiamiento.
La primera genera ingresos mediante honorarios y servicios de consultoría, mientras que la segunda necesita fondeo, evaluación de riesgo y una estructura de costos distinta.
Para Bravo, esta separación busca permitir que ambas líneas crezcan con modelos financieros propios.
Su evolución muestra cómo una fintech mexicana encontró una oportunidad de negocio en un problema asociado con el sobreendeudamiento y posteriormente trasladó el modelo a otros mercados.
El reto permanece en equilibrar la rentabilidad de la compañía con la capacidad de ofrecer soluciones sostenibles para personas cuya situación financiera ya se encuentra bajo presión.
Fuente: https://www.cronista.com/mexico/finanzas-economia/reparar-la-salud-financiera-el-negocio-que-llevo-a-bravo-de-startup-a-empresa-internacional/