Por Carlos Medina, Psicólogo de Empresarios
Hace poco subí un reel en mi cuenta de Instagram que decía:
Frank Sinatra grabó 1,200 canciones y solo 209 fueron éxito, un 17%.
Babe Ruth se paró al bat 8,399 veces y conectó 714 jonrones, un 8.5%.
Picasso hizo unas 150,000 obras y apenas 1,170 se consideran destacadas, menos del 1%.
Y cerraba con una frase:
Triunfar no es para todos, no porque sea difícil, sino por la cantidad de veces que hay que intentarlo sin perder el ánimo.
El mensaje oculto
La mayoría leyó ese reel y entendió: “insiste, intenta más veces”.
Creo que esa es la primera capa de la interpretación, y está bien.
Pero se saltaron la palabra que de verdad importaba, la que hasta venía en negritas:
Ánimo.
“Sin perder el ánimo”.
La pregunta no es cuántas veces lo intentaron.
Es otra, más profunda:
¿Qué tenían en la cabeza Sinatra, Picasso o Babe Ruth para fallar miles de veces y seguir en su oficio?
Babe Ruth se ponchó más que casi cualquiera de su época.
Ahí se revela el ánimo: en la cantidad de fracasos que tuvieron que sostener sin apagarse por dentro.
Esto es un juego 100% mental.
Ese ánimo no es material. Vive en tu mente y, aunque ni tú ni yo lo podamos tocar, es lo que nos ayuda a aguantar los reveses y, eventualmente, a lograr los objetivos.
Tú juegas el mismo juego que ellos
Piensa en las veces que hiciste una contratación que esperabas que fuera maravillosa, en ese producto ganador que ibas a colocar en los anaqueles o en esa campaña que iba a duplicar tus leads.
¿Cuántas veces has tenido que ver que no funcionó?
Quizá más de las que quieres admitir.
Así es el negocio.
El problema aparece cuando solo mides tu éxito en números, es decir, únicamente de forma cuantitativa.
La facturación.
El margen.
El número.
Claro que esos datos importan, porque son parte de la supervivencia del negocio. Ahí no hay discusión.
Pero entonces cada intento que falla deja de leerse como una parte normal del juego y empieza a sentirse como un golpe a quien eres.
Y así el ánimo se va erosionando.
Para este momento quizá ya te diste cuenta de que necesitas ampliar la forma en que estás midiendo tu desempeño.
Y si todavía no, déjame explicarlo un poco más.
Lo que de verdad sostiene tu ánimo
Aguantar los fracasos sin perder el ánimo no es simplemente “echarle ganas” ni hacerle caso a tu amigo que te dice “aguanta vara”.
Esa es solo la mitad de la historia.
La otra mitad es una capacidad psicológica concreta:
la forma en que te explicas cada fallo para evitar que se convierta en un veredicto sobre tu valor como persona.
Y aquí entra algo que llevo años repitiendo:
El éxito no es cuánto ganas. Es en quién te conviertes.
Ese 83% de intentos de Sinatra que no tuvieron éxito no se tiró a la basura.
Se convirtió en el hombre capaz de pararse frente al micrófono una y otra vez, show tras show.
Con ganas o sin ganas.
Cada fallo que sostienes con ánimo no solo te acerca al resultado.
También te está formando lentamente.
Para cuando llega ese número que parecía ridículamente injusto, tú ya eres otra persona.
Y esa persona, no solamente el número, es el verdadero premio.
Ánimo infinito
Si mides tu éxito únicamente por el dinero, posiblemente te quedarás sin ánimo durante los primeros años, especialmente porque los negocios te van a exigir periodos largos de esfuerzo cuando quieres hacerlos crecer.
Quien entiende que se está convirtiendo en alguien a través de esos reveses puede sostener mucho mejor, y durante más tiempo, el ánimo.
El ganador es quien se sabe dentro de un proceso de transformación personal que lo mantiene animado y, para rematar, termina logrando el número.
¡Bingo!
Así que la próxima vez que algo te salga mal en el negocio, antes de decirte que eres un fracaso o que ya no tiene caso seguir, hazte una pregunta diferente:
¿En quién me está convirtiendo esto?
No para maquillar el fracaso con una frase bonita de apapacho.
Sino porque ese revés, bien sostenido, es la materia prima con la que se forja el empresario que todavía no eres.
No se trata de aguantar hasta que llegue el premio.
Ni de resistir hasta que truenes.
Se trata de entender que el premio que realmente importa es la persona en la que te conviertes mientras vas logrando tus objetivos empresariales.
Abrazo,
Carlos Medina
El Psicólogo de empresarios
www.psicologocarlosmedina.com