La entrada en vigor de la ley de asistencia médica para morir en Nueva York abrió espacio para un nuevo tipo de empresa en el sector salud: servicios especializados en acompañar a pacientes terminales que desean acceder legalmente a este procedimiento.

Ese mismo día comenzó operaciones Quiĕtus, una organización que coordina médicos, evaluaciones psicológicas, trámites y acompañamiento familiar para personas elegibles bajo la nueva legislación del estado.

La empresa se presenta como un servicio de coordinación de cuidados, no como hospital ni hospicio. Su operación se apoya en visitas domiciliarias, telesalud y una red de profesionales independientes, entre ellos médicos, enfermeros, trabajadores sociales y psicólogos.

De acuerdo con la información citada por el artículo, el servicio completo cuesta poco menos de 12,000 dólares, aunque la compañía asegura que también atenderá a personas que no puedan pagar el monto total. La primera conversación telefónica es gratuita.

El caso plantea una pregunta incómoda para la economía de la salud: cómo debe entenderse un negocio construido alrededor de una decisión médica, legal y profundamente personal como el final de la vida.

La legislación de Nueva York establece requisitos estrictos. La persona debe ser mayor de edad, residente del estado, tener una enfermedad incurable e irreversible con expectativa de vida máxima de seis meses y conservar capacidad para tomar una decisión informada.

Además, dos médicos independientes deben confirmar el diagnóstico y la ley contempla una evaluación obligatoria de salud mental. La decisión debe provenir del propio paciente y el acto final debe realizarlo personalmente.

Este último punto distingue la asistencia médica para morir de la eutanasia. En el primer caso, el paciente conserva el control del acto final; en la eutanasia, otra persona administra el procedimiento.

Desde una perspectiva empresarial, Quiĕtus funciona como un orquestador de un proceso regulado y sensible. Su propuesta consiste en reunir servicios que una familia tendría que buscar por separado: profesionales autorizados, documentación, coordinación con farmacias, atención en casa y apoyo posterior al fallecimiento.

Ahí aparece una característica común en varias empresas de salud: reducir la fricción de sistemas complejos. La diferencia es que, en este caso, el servicio se ubica en uno de los terrenos éticos más delicados de la medicina.

El debate sigue abierto. Quienes respaldan estas leyes defienden la autonomía del paciente y la posibilidad de reducir sufrimiento en etapas terminales. Sus críticos advierten sobre riesgos para personas vulnerables, presiones económicas, objeciones religiosas y el papel que deben desempeñar los profesionales de la salud.

El caso también resulta relevante para México, donde el marco legal es distinto. Actualmente, la Ley General de Salud prohíbe la eutanasia y el suicidio asistido, aunque existen figuras como la Voluntad Anticipada en Ciudad de México, que permite rechazar tratamientos destinados a prolongar innecesariamente la vida y acceder a cuidados paliativos.

El debate mexicano volvió a tomar fuerza con una iniciativa presentada en la Cámara de Diputados para regular la muerte asistida y modificar disposiciones de la Ley General de Salud y del Código Penal Federal. Sin embargo, la propuesta apenas inició su proceso legislativo y no cambia la prohibición vigente.

Quiĕtus muestra cómo los cambios legales pueden abrir mercados nuevos incluso en áreas donde la ética, la medicina y la regulación se cruzan de forma compleja.

Más que una historia sobre una startup, el caso obliga a mirar una discusión de fondo: quién acompaña a los pacientes terminales, cómo se protegen sus decisiones, qué salvaguardas deben existir y hasta dónde puede participar una empresa privada en un proceso relacionado con el final de la vida.

Fuente: https://emprendedor.com/quietus-startup-asistencia-medica-morir-nueva-york/

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