Por Carlos Medina, Psicólogo de Empresarios

“Les falta motivación. Andan como atontados. No sé qué tienen.”

Así me describió un dueño a su equipo hace años, cuando yo pasaba más tiempo como facilitador dentro de las empresas que en consulta uno a uno.

Esa frase la escuché decenas de veces, casi idéntica, de un dueño tras otro.

Cuando el empresario no ve en su gente lo que quiere ver, el diagnóstico que casi siempre se da a sí mismo se repite:

“Les falta motivación”.

Por eso se venden tanto los team buildings, las dinámicas de integración y los retiros.

Todas son necesarias. No lo discuto.

Pero ninguna cala lo suficientemente hondo para tocar lo que de verdad trae inquieto al dueño.

Porque el problema suele ser más profundo.

Este caso que te cuento era el de un dueño de una industria de transformación de metales. Se quejaba de que sus gerentes estaban desmotivados.

Cuando entré a hacer entrevistas abiertas con el equipo, fui descubriendo que no era falta de motivación.

Era más bien un techo invisible que ellos mismos se habían puesto.

Algo parecido a un inconsciente colectivo, pero en versión corporativa: una energía intangible que gobierna los resultados y que nace de la suma de las creencias de los directores, los gerentes… y de ti, el dueño.

Ese techo tiene un origen

Tu equipo tiende a llevar tu visión hacia el resto de la empresa hasta donde a ellos les parece razonable, según su mundo y su interpretación.

Ellos no pueden meterse en tu mente.

Solo pueden escuchar lo que les dices.

Cada decisión que toman —a quién contratar, cuánto y cómo cobrar, qué producto construir— la miden únicamente contra su propio techo.

No contra el tuyo.

Ahora vamos a voltear el reflector un momento.

Ese techo colectivo no cayó del cielo.

Salió de algún lado.

De por qué contrataste a esas personas.
De lo que dejas pasar sin corregir.
Del estándar que realmente exiges, no del que proclamas en la junta de los lunes.

El techo de tu equipo puede ser también un espejo de tu mente, no de su talento.

Te está retratando a ti.

Ahora sí, baja tu visión con nitidez

¿Cómo les transmites tu visión?

No hablo del clásico kick-off de inicio de año.

Eso es necesario, pero superficial.

Después de años atendiendo a dueños, encontré que transmitir tu visión de verdad exige, entre otras cosas, alinear tres capas en tu gente.

Identificar estas tres puede ser un buen punto de partida para cambiar esa mentalidad colectiva que está poniendo un techo en tu empresa.

La capa emocional

Más allá del sueldo que les pagas, ¿por qué les inspira ayudarte a lograr tu visión?

Si no hay una respuesta genuina, estás comprando manos.

No corazones.

Y en la era de la IA, más te vale tener sus corazones comprometidos.

La capa cognitiva

Más allá de lo que diga tu misión o tus valores en la pared, ¿cómo estructuran el pensamiento tus empleados cuando se enfrentan a un desafío?

Ahí se ve si realmente tienen la capacidad de articular las ideas necesarias para crecer.

Porque no basta con entender lo que quieres.

También necesitan pensar de una manera que los acerque a eso.

La capa conductual

¿Sus conductas observables están alineadas con tu visión?

Cuidado aquí.

Hay gente que dice cosas elocuentes y luce inteligente en las reuniones, pero cuando observas sus acciones parece ir en una dirección que no se acerca en absoluto a tu visión.

Lo que importa no es únicamente lo que dicen.

Es lo que hacen.

Alinear esas tres capas en cada persona puede ayudarte a subir el techo.

Si no las conoces, difícilmente vas a ver el máximo potencial de tu equipo.

Y ellos seguirán bajando tu visión al promedio de cómo la entienden, la sienten y la ejecutan.

Una miradita hacia adentro

Ya hablamos de tu equipo.

Pero ahora sé honesto contigo por un segundo.

Subir tu techo no solo transforma a tu gente.

Te obliga a ti a convertirte en alguien que todavía no conoces.

Y esa versión tuya —la que todavía no controlas porque nunca la has sido— puede darte más miedo que quedarte atascado donde estás.

Por eso te dejo con esta pregunta:

¿No será que, en el fondo, no quieres un techo más alto porque te aterra tener que transformarte en alguien que ni tú sabes quién es todavía?

Quédate con esa pregunta esta semana.

Porque ahí, justo en ese miedo, es donde empieza todo lo demás.

Un abrazo,

Carlos Medina
El Psicólogo de los empresarios
www.psicologocarlosmedina.com

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