Por Carlos Medina, Psicólogo de Empresarios

Hace algunos años recibí un mensaje por WhatsApp. Era la esposa de quien terminaría siendo mi paciente.

Me buscaba para pedir informes y, textual, escribió:

“Quiero mandarte a mi esposo”.

Le expliqué una breve advertencia: en terapia tiene que ser la propia persona quien sienta el impulso de venir.

Su respuesta me dejó claro su grado de urgencia:

“No creo que vaya solo. Si me siento a esperar a que se despegue de la empresa, mejor me divorcio”.

Ahí confirmé algo que llevo años viendo en consulta: el vínculo entre un dueño y su negocio no siempre es amigable.

A veces, esa misma empresa que le da sustento a él y a su familia es la entidad que lo está destruyendo, por la forma en que le secuestra la mente.

Total, la persona sí llegó.

Se sentó frente a mí y debutó con una frase directa:

“Mi esposa me manda contigo porque dice que soy un zombie disociado frente a mis hijos”.

Entrados en el diálogo, le pregunté:

“¿Qué te hace desconectarte de tu familia, incluso cuando están todos sentados comiendo?”

La respuesta, como ya te imaginarás, tenía que ver con su negocio. Pero había algo más sutil en su relato:

“Pienso constantemente en si la competencia me va a robar a mi cliente más grande porque los vi tomando café en una expo. En si mi mejor vendedor se independiza y me abre competencia. En si mi proveedor me va a recortar los días de crédito porque me he atrasado. Pienso en que todo se me puede derrumbar en una semana”.

Claramente estaba en un estado de paranoia permanente.

Por eso su esposa decía que parecía un zombie.

La paranoia positiva

Seguramente has escuchado a Andy Grove, el legendario CEO que convirtió a Intel en un gigante y fue mentor de Jobs y Gates:

“Solo el paranoico sobrevive”.

Tenía razón.

En un mundo que cambia tan rápido como el que vivimos hoy, la vigilancia es lo que te permite ver venir el cambio antes de que te aplaste.

Justo aquí es donde el empresario se confunde, y por eso tantos dueños se están enfermando.

Grove no vivía paranoico.

Usaba la paranoia como una estrategia que prendía y apagaba a voluntad.

La encendía para detectar a tiempo esos cambios que podían hundir a Intel, decidía y luego la apagaba.

Era una herramienta.

Un interruptor con on y off.

No una forma de existir las 24 horas de su vida, y mucho menos cuando estaba con su familia o amigos.

Posiblemente a ti te vendieron la idea —y vaya que la compraste— de dejar el interruptor de la paranoia pegado en ON las veinticuatro horas.

Confundiste estar alerta con estar en alarma total.

Y tu sistema nervioso, que no es tonto pero tampoco adivina, ya no distingue entre vigilar el mercado un martes a las diez de la mañana y temerle a todo un domingo a las tres de la tarde, mientras comes con tus hijos.

Tu sistema nervioso va a reaccionar a los pensamientos que tú vayas creando en tu mente.

La trampa es vivir 24 horas ON

Aquí está la paradoja del asunto.

Tú sostienes esa tensión permanente porque crees que es lo que te mantiene listo para el campo minado.

Pero una mente en alarma crónica no se adapta mejor.

Eventualmente se adapta peor.

El miedo sostenido te mete en visión de túnel, te vuelve reactivo y te seca la creatividad justo cuando más la necesitas para reinventarte.

La adaptabilidad ante la dificultad real que tengas enfrente exige una mente flexible y descansada.

No un cerebro agotado que lleva meses en modo supervivencia.

Dicho claro:

La hipervigilancia sirve para momentos cortos.

El cerebro no está diseñado para vivir hipervigilante.

De hecho, vivir en ese estado te incapacita y te desgasta hasta enfermarte.

Lo ves en el insomnio.
En el trago de más.
En el cuerpo que un día pasa la cuenta.
En las manos temblorosas.
En la cara de tu pareja, que ya se cansó de hablarle a un zombie porque no puedes mantener una conversación fluida con tu familia.

Recupera el interruptor

La salida no es volverte un conformista despreocupado al que todo le vale.

La salida es recuperar el on y el off.

Vigilancia consciente es encender la alerta cuando toca decidir algo estratégico, usarla y después apagarla para vivir tu vida.

Ansiedad disfrazada de visión es tenerla siempre prendida y llamarle “compromiso”.

Cuidado con tus creencias.

La idea que quiero que te lleves es esta, porque es el corazón de todo mi trabajo:

La paz mental no es el premio que te dan cuando por fin la rompes en tu negocio. Es la condición que te permite seguir rompiéndola durante años, adaptándote a lo que venga, sin romperte tú en el intento.

Grove tenía razón:

En los negocios, solo el paranoico sobrevive.

Pero el que vive paranoico sobrevive en el mercado y muere por dentro.

Aprende a usar el interruptor.

Préndelo para ganar.

Apágalo para vivir.

Un abrazo,

Carlos Medina
El Psicólogo de los empresarios
www.psicologocarlosmedina.com

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